Tipos de Personas en las Posadas Micheito 17/12/2017 - 11:59


Las posadas son la onda, el premio de un largo año de trabajo o escuela, un motivo para hablar con tus amigos, tomarte una selfie, conocer personas o intentar embriagarte. Son un ritual ancestral que ha pasado de generación en generación sin la necesidad de explicar cómo funciona. Las posadas son inherentes al ser humano en México, y es que desde nuestras primeras fiestas de la secundaria nos encontramos con una serie de personajes salidos de las piedras con el fin exclusivo de vivir la mejor de las experiencias.

Pero los tipos de persona que van a una posada son lo que las hacen divertidas: como cuando alguien decidió ser el dj de la noche, y un tipo mira silenciosamente desde la esquina mientras alguien se divierte en bolita. Aquí te presentamos una clasificación general de la fauna silvestre de las posadas.

Empecemos cronológicamente. Estos son los primeros tipos en llegar a la fiesta porque creen que la noche empieza cuando ellos dicen. Es mejor que te saluden a saludar a todos es su mantra y estaba aburrido, su pretexto. Estas personas se creen (quieren ser) el mejor amigo del anfitrión. Por lo general llevan algunas cervezas y su presencia se hace menos incómoda cuando llega alguien más.

El alma de la fiesta

¡Llegó la fiesta! Esta persona llega con un embudo y un marciano inflable porque estaban de promoción. Lleva más alcohol del que se puede tomar y no duda en compartirlo con quien sea. Los puedes identificar por su amable sonrisa y por sus alas, porque como si fueran un ángel, incluso se ofrece a ayudarte a limpiar al final. Cuando estas personas salen de fiesta, se aseguran de que no les faltará nada y pueden animar hasta la reunión más aburrida.


El que sólo va a tomar

Son las seis de la tarde y esta persona anuncia: hoy me voy a poner hasta la m... Llega a la posada un poco ebrio y la fiesta se convierte en su lenta transformación. Primero deja de hablar y después ya no se ríe de los chistes. Poco a poco se empieza a tambalear y decide sentarse. Ya sentado, hace lo posible por mantenerse despierto hasta que acepta su destino, se acomoda, se hace bolita y reconoce su condición de ebrio de la noche.


El malacopa

Nunca faltan los que van a una fiesta a pasársela mal. Por ejemplo el llorón, esa víctima de la vida que cree que la pregunta ¿Cómo estás? es en serio y aprovecha para contarte cómo su vida está en el hoyo. Después de todo, a eso vamos a las fiestas, ¿cierto? Pero hay muchas subclases de este depredador: el que siempre se pelea pero nunca es su culpa; el que no hace nada bien; el terco; el que rompe cosas o se las roba; el que cuenta tus secretos más penosos enfrente de la chica que te estás ligando; el que detiene la música porque perdió su celular; el que va chocando el hombro con todos pero que siempre le saca al final y una infinidad de ejemplos más. Cada quien malacopea a su manera. El consejo es ignorar a estas personas y darles por su lado un ratito; de cualquier forma nunca tardan en convertirse en un mueble más.


El que sólo va a comer y tomar

Personas del mal. Estos seres llegan ya entrada la noche, cuando saben que hay suficiente gente, comida, botellas y cheve para que nadie sepa qué es de quién. Los más experimentados piden la primera cerveza con humildad, sólo para abrir el portal hacia la garganta más rápida de la noche. Cuando el alcohol empieza a faltar, él es el primero en armar la cooperación para ir por más. Se la pasa comiendo durante toda la posada y parece no tener llenadera.


El conductor designado

Ser el conductor designado es un logro que se gana con horas de serenidad, autocontrol y una voluntad de acero. Y lo único que ganas es ser el segundo más antipático de la fiesta por rechazarle tragos gratis a todos, por lo que muchos aspirantes se quedan en el camino.

El vomitón

Lo sorprendente de esta persona es que un simple vómito no se interpondrá en su camino. Va al baño, vomita un poco y regresa a seguir empedando. O en su defecto, se le sale el vómito en la sala, limpia, y continúa como si nada. Casual. Todos vomitamos, ¿no? De todas maneras a nadie le molesta platicar con una persona que apesta a vómito y que en cualquier momento te puede echar sobras de comida encima, ¿o sí?

En resumen, una buena posada con amigos puede llegar a dar mucho, mucho de sí. Y eso las convierte en inolvidables.